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viernes, 20 de marzo de 2015

POESÍA HISPANOAMERICANA DEL S. XX


Poesía hispanoamericana del siglo XX (I). Vanguardismo
Tras un periodo posmodernista, la poesía hispanoamericana abraza con decisión el vanguardismo. Incluso se llega a crear una importante corriente autóctona, el creacionismo, que se exportará a España. Tres grandes figuras descuellan en estos años: César Vallejo, Vicente Huidobro y Jorge Luis Borges.
Del posmodernismo a las vanguardias
El agotamiento de la vertiente formalista y evasiva del modernismo, muy clara tras la muerte de Rubén Darío (1916), se resume en los versos del mexicano Enrique González Martínez (1871-1952):
«Tuércele el cuello al cisne de engañoso plumaje (...)
él pasea su gracia no más, pero no siente
el alma de las cosas ni la voz del paisaje.»

Predomina un ansia de autenticidad que lleva a los poetas a describir la realidad cotidiana y a refugiarse en el intimismo.
En los años veinte se deja notar el influjo vanguardista, con su ruptura del realismo tradicional y su búsqueda de nuevas formas. El mexicano Juan José Tablada (1871-1945) experimenta con poemas ideográficos, al estilo de los caligramas o los haikus japoneses.
Especial relevancia adquieren las corrientes de vanguardia en Argentina con revistas como Proa o Martín Fierro. Oliverio Girondo (1861-1897) describe con audaces metáforas la realidad urbana en Veinte poemas para ser leídos en el tranvía (1922). El surrealismo es cultivado por A. Pellegrini (1903-1973) y E. Molina (1910).

Vallejo, el poeta del dolor
El peruano César Vallejo (1892-1938), de familia mestiza, se licenció en letras. Encarcelado por razones políticas, se trasladó a París, donde vivió muy pobremente y casi olvidado hasta su muerte. Antes, combatió por la República en la Guerra Civil española.
Escribió una novela de tema social, Tungsteno (1931), pero destaca por su importantísima obra poética:
Los heraldos negros (1919) conserva ecos del modernismo, pero muchos de sus poemas, centrados en el sufrimiento y la angustia, presentan ya una métrica irregular un tono coloquial.
Trilce (1922): audazmente vanguardista, sus innovaciones formales sirven para expresar un hondo desarraigo existencial.
Poemas humanos (1929): recopilación póstuma de poesía social que incluye España, aparta de mí este cáliz, poemas de la Guerra Civil.
Huidobro y el creacionismo
El chileno Vicente Huidobro (1893-1948) es el máximo representante del vanguardismo poético hispanoamericano, aunque cultivó también la novela y el teatro. Conoció en París a los principales vanguardistas y estuvo también en España, donde influyó en J. Larrea y Gerardo Diego.

El creacionismo, divulgado en 1914 con el manifiesto Non serviam, niega que el arte deba imitar a la naturaleza y sostiene que ha de crear nuevas realidades a través de la palabra, suprimiendo lo anecdótico y basándose en la metáfora.
Su obra fundamental es Altazor (1931), un largo poema en siete cantos con continuas visiones filosóficas, teológicas y literarias. Lo más destacado son sus sugerentes imágenes oscuras e ilógicas y la constante tarea de destrucción lingüística.
Vicente Huidobro residió largas temporadas en París y gran parte de su obra está escrita en francés.

La poesía de Borges
El argentino Jorge Luis Borges (1899-1986) es una de las más destacadas figuras literarias mundiales del siglo XX. Aparte de una obra narrativa muy importante cultivó la poesía en dos etapas separadas por treinta años.
Durante su permanencia en España, entre 1918 y 1921, el joven Borges se adhirió al ultraísmo, que difundió en Argentina a su regreso. Con el deseo de lograr una expresión pura, la fuerza poética se cifra en la metáfora, en libros como Fervor de Buenos Aires (1923), Luna de enfrente (1925) y Cuaderno San Martín (1929).
En su vejez retomaría la poesía, ya con un estilo sencillo y culto muy distinto, para indagar en los misterios del hombre y en general en los mismos temas de su narrativa. Hay que destacar El hacedor (1960), El oro de los tigres (1972) y Los conjurados (1985).

Poesía hispanoamericana del siglo XX (II). Compromiso y posvanguardia
Los años treinta vivieron una gran conflictividad político-social en todo el mundo, que favoreció la toma de conciencia de los escritores. La poesía hispanoamericana, sin renunciar a los logros formales vanguardistas, acentuó su compromiso con la realidad, pero en su evolución hasta nuestros días ha tomado caminos muy diversos.

Guillén y la poesía negra
La tendencia general de principios de siglo hacia la búsqueda de lo autóctono llevó a la revalorización de la cultura de la población negra, despreciada hasta entonces. Los estudios folclóricos demostraron sobre todo la riqueza de la poesía popular.
La fusión entre vanguardismo y folclore negro desembocó en la llamada poesía negra o afroamericana, semejante al neopopularismo de la generación del 27. Nicolás Guillén (1902-1989), cubano y mulato, es el principal representante de esta tendencia. En sus primeras obras (Motivos de son, 1930; Sóngoro Cosongo, 1931) describe el mundo de la población de color: estampas típicas, ritos, supersticiones, etcétera.
Pasa después a denunciar la marginación del negro y, más en general, las injusticias sociales de Hispanoamérica (El son entero, 1947; La paloma del vuelo popular, 1958), al tiempo que su oposición a Batista le obliga a exiliarse. Tras el triunfo de Castro, su obra se orienta hacia lo revolucionario (Antología mayor, 1964).Su poesía se basa en recursos rítmicos (paralelismo, repetición), así como en onomatopeyas, metáforas y la reproducción del lenguaje popular (léxico, alteraciones fonético-gramaticales).

Pablo Neruda
Con una amplísima obra, Pablo Neruda es uno de los poetas más importantes del siglo XX. Escribió también teatro y prosa, especialmente sus memorias: Confieso que he vivido (1977). Su primer libro importante, Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924) se ha convertido en un clásico por su madurez y emotividad. Con estilo sencillo, combina el canto al amor, la angustia adolescente y la añoranza de la naturaleza de su infancia.
Residencia en la tierra (1933-35) nace de una profunda crisis existencial. Adopta el estilo surrealista para expresar en metáforas deslumbrantes y herméticas su desolación y oscuridad interior.
Saldrá de esta situación volcándose en el compromiso político y social, que culmina con Canto general (1950), extenso poemario que repasa la historia de América. En sus últimas obras, el compromiso se alterna con la temática amorosa (Los versos del capitán, 1952) y el canto a los objetos cotidianos (Odas elementales,1954-197).

Octavio Paz
El mexicano Octavio Paz (1914-1998) también combatió en la Guerra Civil con el bando republicano. Como diplomático, vivió en distintos continentes. Fue autor de importantes ensayos sobre México, filosofía y estética (El laberinto de la soledad, 1950; El arco y la lira, 1956). Recibió el premio Nobel en 1990.
Su producción poética inicial, recogida en Libertad bajo palabra (1960) combina la poesía comprometida con la estética surrealista para plantear problemas existenciales (soledad, comunicación, tiempo, amor) con un lenguaje libre y hermético.
Sus siguientes obras (Salamandra, 1962) acusan el influjo de la cultura oriental, tanto en la forma (haikus), como en los temas (lo esotérico y misterioso, la identidad, el doble). En sus últimos años siguió insistiendo en su esencial preocupación por el lenguaje y hasta recuperó el experimentalismo vanguardista, con obras de lectura múltiple (Blanco, 1967) o poemas visuales (Topoemas,1968).

Otros poetas posvanguardistas
Nicanor Parra (1914), chileno, compone una poesía entre popular e irónico-crítica sobre la realidad que le rodea. En sus «antipoemas» o «artefactos» abundan el humor negro y sarcástico, los juegos lingüísticos, lo intelectual, etcétera. Sus obras principales son La cueca larga (1958), Canciones rusas (1967), etcétera.


Otros poetas destacados de los últimos años son el mexicano T. Segovia (1927), el cubano R. Fernández Retamar (1930), el peruano J. E. Eielson (1921), el ecuatoriano J. Adoum (1926) y el uruguayo  M.Benedetti (1920), también narrador, y  el argentino J.Gelman (1930).

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